Desde pequeños soñamos con nuestro
príncipe azul. Al principio es ese que viene en caballo buscando a su
princesa, el que te regala joyas y el que te da todo lo que quieres.
Después es ese que te manda notitas en clase, el que no deja de enviarte
sms, ese que te dice te quiero a todas horas. Más tarde buscas algo más, un físico: rubio, moreno, alto, ojos azules, marrones, verdes.. el
interior ya da igual. Y finalmente buscas al hombre perfecto; el más
bonito del mundo y no sólo físicamente, si no ese que destaca por su
interior, por su corazón. Ese que no te dice te amo a
todas horas, pero que te lo demuestra cada minuto, con sus besos, sus
caricias, sus abrazos.. Ese que refleja todo su interior en su mirada,
que te protege, que se preocupa por ti, que hace lo imposible por verte
feliz, que impone tu felicidad a la suya, el que lucha día y noche por
verte sonreír. El que no permite que te hagan daño. El que está contigo
en los buenos y malos momentos, el que se mete en tus sueños para
hacerte la vida un poco más fácil, más amena. El que tfae despierta con un
beso cada mañana y te lleva el desayuno a la cama cuando estás enferma.
El que sufre cuando tu sufres y el que odia verte llorar. El que trata
bien a tus amigos y el que presume de tenerte delante de los suyos. El
que se muestra tal y como es contigo y el que hace que tu te sientas
plena con él. El que te permite confiar en el con los ojos cerrados, el
que te demuestra tanto y tan bueno, que te hace dudar de si es de
verdad. El que te hace sentir orgullosa de como eres y te hace creer en
el amor. El que te hace sentir como una princesa y, sobre todo, el que
consigue que creas que estás en un palacio carente de lujos pero repleto
de amor, cuando te encuentras en medio de la nada.